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martes, 10 de abril de 2018
LA EMPRESA ES LO SUSTANTIVO
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Comienza a resultar preocupante la interesada segmentación empresarial. En algunos ámbitos, se está construyendo una imagen artificial que distingue entre empresas buenas y malas. Entre las que “merecen” contratar con las administraciones públicas y las que no. Entre las que ejercen el comercio y las de “comercio justo”. Entre las responsables y las no responsables. Entre empresas con ánimo de lucro y las que no tienen ese ánimo, pero tienen cientos de empleados. Una diferencia interesada, e ideologizada, entre “emprendedor” y “empresario”.

Cada vez más se trata de distinguir a las empresas por tamaño, por formula societaria, por localización en el territorio, por el tipo de empleo que se genera, así sucesivamente. Todas estas clasificaciones dan lugar a situaciones complejas, pues más que generar algún tipo de discriminación positiva, lo que generan son distorsiones, que llevan a las iniciativas empresariales a tener que modificar sus conceptos para adaptarse artificialmente a las demandas del mercado.

En contratación pública se pretende discriminar positivamente a la vez a quien mantiene empleo estable, a quien contrata a personas del entorno en el que se va a desarrollar la actividad y a los que tienen menos dimensión. Es decir, se puede desincentivar justamente aquello que creemos más necesario para nuestras pymes: el crecimiento en su dimensión.

Junto a todo ello, nos encontramos además el fenómeno de la economía colaborativa, un modelo que puede suponer una huida de las obligaciones empresariales. Se pretende realizar actividad económica, pero sin tener las obligaciones de aquellos que profesionalmente realizan su actividad económica, generando además un modelo de relaciones laborales, en ocasiones, desnaturalizado.

Esta economía colaborativa, ideológicamente bien posicionada en el pensamiento colectivo, sin embargo, genera situaciones de desigualdad competitiva, pues no suele asumir las mismas obligaciones que la actividad empresarial, si bien, participa en el mismo mercado de bienes y servicios.

En todo caso, en CEA están integradas empresas de todos los sectores, tipos societarios y tamaños. Contamos con las asociaciones de jóvenes y de mujeres empresarias; con autónomos y con empresas de economía social; con organizaciones que representan a la gran empresa en un sector y también a las que representan a la pyme de ese mismo ámbito; con empresas que operan de forma concertada con la administración, y otras que lo hacen de forma totalmente privada… Es decir, toda tipología empresarial forma parte de CEA.

Por eso nos sentimos legitimados a defender la Empresa, a todas las empresas, respetando y promoviendo la libertad, para elegir el tipo jurídico, el tamaño, el modelo de gestión, que consideren más oportuno, sin que ello pueda significar generar rupturas en la libre competencia, desigualdades artificiales o injerencias ideológicas en el desarrollo de la libertad de empresa.

Creemos que la función social de la empresa va intrínsecamente unida al propio concepto de su ser y que, sea cual sea la forma jurídica, el tamaño o el sector en que libremente desarrolle su actividad, no existen empresas injustas, ni irresponsables, ni insolidarias.

Si algo caracteriza al común de las empresas es que generan empleo, desarrollo y bienestar social.

Javier González de Lara, Presidente de CEA.

Artículo del Presidente de CEA publicado en Agenda de la Empresa Nº 233.


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